LA ALEGRÍA

Espigas danzando alegres

Espigas en danza alegre

La alegría serena. Hace que la tensión cese. Es atenta, sin querer nada. Reposa en sí y está en feliz sintonía con todos y con las cosas todas. Por eso permanece enteramente en el aquí y ahora. Y observa, porque es amplia y franca. Bienquiere a todos tales como son. Penetra sin encontrar resistencia, pues se la espera como al sol después de la noche. Es serenante porque es serena. Supera y deja atrás lo que le es adverso. El hielo se funde bajo su cálida luz.

La alegría es viva y abierta. Se interesa en lo nuevo y lo particular porque nada pasado se le adhiere. Está en  flujo. Y está colmada, pues acoge en su seno cuanto encuentra, transformándolo y abriéndole nuevos cauces.

La alegría cura. Las viejas heridas cicatrizan cuando su sol las alumbra.

La alegría es la consumación del amor. ¿Qué nos une más íntimamente con otros que alegrarnos de él? ¿Los padres, de los hijos; los hijos, de los padres; el marido, de la mujer; la mujer del marido? ¿Y cuando nos alegramos incluso de lo adverso? La alegría le quita el aguijón y lo transforma. La alegría le quita peso a lo grave, porque al ser ancha es ligera.

Esa alegría viene de dentro. Ningún agente exterior puede turbarla. Pues está en sintonía con lo último, con la muerte, venga cuando venga.

Hellinger, Bert.(2007) “Pensamientos divinos, sus raíces y sus efectos”. Colección Psicología. Rigden institut gestalt.

 

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